Estar sola

Estoy comiendo sola en un restaurante cuando pienso que podría estar bien escribir sobre esto. Ayer fui sola a un concierto. Era la primera vez que lo hacía. He ido sola muchas veces a exposiciones y algunas menos al cine. Voy sola de compras. Es más, no me gusta que nadie venga conmigo. Pero lo del concierto… se me resistía. Y supongo que no soy la única a la que le parece algo raro ir sola a un concierto, porque esta mañana, en la oficina, mi compañero de trabajo me preguntaba: “¿Fuiste sola? ¿Y cómo fue? ¿Te miraban? ¿Te sentiste rara?” Y lo cierto es que su curiosidad no me extrañaba, porque yo misma me hacía esas preguntas los días previos. Pero al final estuve sorprendentemente cómoda durante todo el concierto.

Supongo que todos tenemos algo de miedo a la soledad. A sentirnos expuestos ante gente desconocida estando en desigualdad de condiciones o acompañantes. A que te miren. A que te señalen con el dedo mientras se ríen y dicen “mira, menuda rara, ha venido sola”. ¿Suena estúpido, verdad? ¿Acaso no hemos visto todos a gente sola en distintos eventos? Gente normal que tiene familia, amigos y pareja pero que probablemente ese día no encontró a nadie con quien ir y prefirió no perdérselo aunque tuvieran que ir solos. O, quizás, gente a la que simplemente le gusta estar sola de vez en cuando.

Yo siempre he necesitado mis momentos para estar sola. En otro artículo de este blog reflexionaba sobre la importancia de conocernos a nosotros mismos en soledad, a propósito del libro ‘Solterona’, de Kate Bolick. Pero también cuando uno tiene pareja necesita estar consigo mismo de vez en cuando. A mí me ayuda para poner en orden mis pensamientos, reflexionar y para lo que comúnmente llamamos “comerme la cabeza”, que no deja de ser tan peligroso como necesario. Pero también son momentos en los que tengo mis ideas más creativas. De hecho, diversos expertos y estudios afirman que las mejores ideas surgen en soledad.

La conferencia Ted Talks The power of introverts de Susan Cain es una de las favoritas de Bill Gates. Cain defiende la riqueza creativa que surge de la soledad: “La soledad es el ingrediente crucial de la creatividad. Darwin daba largas caminatas por el bosque y rechazaba enfáticamente invitaciones a fiestas. Steve Wozniak inventó la primera computadora Apple encerrado en su cubículo de Hewlett Packard, donde trabajaba entonces. La soledad importa. Para algunas personas, incluso, es el aire que respiran”.

Somos seres sociales. Nos pasamos al día rodeados de gente. En el metro o en un atasco, de reunión en reunión, hiperconectados al móvil y las redes… en medio de esta vorágine, la soledad nos puede ofrecer un espacio sanador. Cierto es que aunque vayas solo a un concierto no dejas de estar rodeado de gente. Pero no tienes ninguna obligación de relacionarte con nadie y puedes evadirte perfectamente del mundo: solos la música y tú (si no hay nadie molestando o dando empujones, claro).

Y luego está la otra parte. La del factor sorpresa. En el concierto me pasaron cosas que probablemente no habría vivido si hubiera ido acompañada. En el restaurante desde el que escribo, es probable que la camarera no estuviera siendo tan simpática y amable si yo tuviera compañía. Nunca he viajado sola (aun), pero tengo amigos que sí y dicen que es una experiencia maravillosa. Quitémonos los complejos y disfrutemos de la soledad.

Deja un comentario