¿Confundimos la amabilidad con debilidad en el mundo laboral?

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¿Se llega más alto laboralmente siendo irrespetuoso, agresivo y pisando a los demás? Cada día que pasa pienso que hay mucha gente para la que la respuesta a esta pregunta es, rotundamente, . Me entristece y me cabrea a partes iguales hablar con colegas de distintas profesiones que viven en sus trabajos una situación así: compañeros que dan malas contestaciones, que son demasiado agresivos en el trato y que te ponen la zancadilla a la primera de cambio. He dicho “compañeros” pero, en algunas empresas, quizás deberían llamarse “rivales”.

Pienso que la forma en la que nos mostramos a los demás como profesionales lo es todo. No se trata solo de cómo haces tu trabajo, sino de cómo te acercas a una persona, cómo escribes un email o cuánto estás dispuesto a ayudar cuando hace falta. Ser amable no cuesta mucho, o eso creo, pero tengo la impresión de que, en el mundo laboral, a veces la amabilidad se confunde con debilidad. Es como si el que tuviera un carácter más fuerte y sea capaz de pisar a cualquiera por el camino vaya a ser también el que tenga más capacidades de liderazgo. Llamadme ingenua, pero antes de toparme con el mundo laboral siempre pensé que eso sería al revés: que los mejores jefes serían aquellos capaces de  gestionar equipos desde el respeto y la amabilidad.

El 1% de la población está catalogada como psicópata. Lo que me parece más escalofriante es que este porcentaje asciende al 4% entre ejecutivos, políticos y personas que ostentan cargos de alta responsabilidad. Y un psicópata no es un asesino en serie. Es una persona insensible, despreocupada por el bienestar ajeno, que no siente empatía ni culpa.

Hace poco me topé con una charla TED de Christine Porath, titulada Why being respectful to your coworkers is good for business, en la que la investigadora hace una llamamiento a la amabilidad en las empresas, demostrando que pequeños actos de respeto pueden incrementar nuestro éxito profesional e incluso el balance de la compañía. Porath estudió los efectos de la incivilidad laboral en las personas, revelando que la misma desmotivaba a los trabajadores hasta el punto de que el 66% de ellos redujo sus esfuerzos, el 80% perdió el tiempo en el puesto de trabajo y el 12% llegó a renunciar.  A partir del estudio, fue contactada desde distintas empresas. Una de ellas fue Cisco, que estimó que la incivilidad entre compañeros le había costado 12 millones de dólares al año.

Porath lanzó una pregunta muy sencilla sobre liderazgo a más de 20.000 empleados en todo el mundo: “¿Qué es lo que usted espera de sus líderes?” La respuesta también fue simple y abrumadora: respeto. Las personas que se sienten respetadas están más sanas, prestan más atención, son más propensas a permanecer en la organización y están mucho más comprometidas con la misma.

Entonces, ¿por qué hay quienes siguen pensando que ser educados o amables refleja un menor liderazgo? La verdad es que no lo sé, pero me niego a entrar en esa dinámica. Creo que se pueden tener opiniones fuertes, hacer críticas y discrepar con buenos argumentos desde el respeto. Creo que se puede tener empatía hacia un compañero o subordinado, que tender la mano no cuesta nada. Así que seguiré siendo amable. Y si eso me hace ser menos agresiva y por tanto menos válida para algún puesto, al menos tendré la conciencia tranquila.

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