Para amantes de los libros: placeres íntimos de la lectura

Cuando era pequeña y tenían que ponerme una vacuna o llevarme al dentista, mi madre me consolaba diciéndome que si me portaba como una niña mayor, cuando saliéramos, me compraría un cuento. Y entonces yo era la niña más valiente y, cuando tenía el cuento entre las manos, la más feliz. Mi madre sabía que su pequeño chantaje no hubiera funcionado conmigo ofreciéndome un juguete o una golosina. Pero un libro eran palabras mayores.

Ella me enseñó a amar la lectura. Más aún: me enseñó a necesitarla. Cada noche, cuando me iba a dormir, veía como ella se quedaba leyendo en el salón. Y cada mañana, cuando se iba a trabajar, lo hacía con su libro bajo el brazo para su trayecto en el metro. Siempre lo llevaba forrado con un folio para que no se estropeara.

Las madres nos hacen probar las verduras y pescados en todas sus variantes. A la mía eso le costó bastante conmigo, pero no le costó tanto que me dejara seducir por la lectura en todos sus géneros posibles. Recuerdo un día en el que, sin ninguna razón (no había habido médicos ni pinchazos de por medio) llegó a casa con un libro de poemas de Gloria Fuertes. Con ese libro descubrí la poesía e incluso me lancé a escribir patéticos poemas que mi madre aún guarda con cariño en algún cajón.

Cuando fui un poco más mayor, me dejó una obra que reúne gran parte de las obras de teatro de Jardiel Poncela. Y de nuevo consiguió que amara la dramaturgia y llorara de risa con ella. Hoy utilizamos el truco de regalarnos libros la una a la otra para así poder leerlos las dos. Alguna que otra vez incluso lo hemos hecho al mismo tiempo y nuestros marcapáginas competían por ver cuál iba más adelantado.

Hace poco, alguien que conoce bien mi pasión por la lectura, me regaló la obra Este libro te alegrará la vida. 50 placeres íntimos de la lectura. Creo que solo es apto para aquellas personas que realmente disfrutan de aman los libros. Son pequeños placeres de felicidad relacionados con la lectura. He seleccionado algunas ideas del libro que me han gustado. Si te sientes identificado con ellos, te animo a leerlo. (Mamá, a ti ya te lo dejo en tu mesilla):

  • Visitar casas ajenas e inspeccionar sus bibliotecas. Yo soy incapaz de ir a casa de alguien y no curiosear su estantería. ¿Acaso no es la mejor manera de conocer a alguien?
  • Espiar qué leen los demás. Tiene relación con el punto anterior, pero cazando al lector en pleno momento de lectura. A mí, más de una vez, un libro me ha recomendado a una persona en el metro.
  • Y hablando de metro, mucha gente utiliza un billete ya gastado como marcapáginas. Por sí solo, es basura. Pero dentro de un libro, es una conexión.
  • Ocultar que has comprado más libros. Llegas a casa con la bolsa medio escondida pero aún así te acaban pillando… pones excusas: “Es que he leído maravillas de esta obra”, “Es una edición especial”, “Tenía muchas ganas de leerlo…”
  • Y como consecuencia de lo anterior, libros que no te caben en las estanterías. Encajar un libro junto a sus nuevos compañeros no es tarea fácil, hay que empujar al reciente inquilino con cuidado de no dañarlo a él ni a ningún otro. En algún momento, habrá libros que acaben en posición horizontal sobre la fila de libros embutidos.
  • Abandonar una lectura. Sí, incluso los grandes lectores a veces asumimos que hay demasiados libros maravillosos ahí fuera como para perder el tiempo con uno que no está hecho para ti.
  • Empezar un libro sin acabar otro. Es casi un acto de infidelidad. Pero a veces es imposible contenerse…
  • Sentirse desamparado tras acabar un libro y buscar algo lo bastante bueno como para que nos quite ese dolor.
  • El olor de los libros nuevos y los libros viejos. Eso no os lo da un ebook 😉
  • Perderse en una gran librería. Entrar con la excusa de hacer tiempo mientras esperas a alguien y rezar para que ese alguien se retrase aún más.
  • Releer un libro. Uno que quizás nos conquistó en el pasado, cuando éramos más jóvenes, o que fue importante por alguna razón. Y ahora que conocemos la historia, que no leemos con el ansia de conocer el final del argumento, poder disfrutar aún más de los personajes, de los matices y el vocabulario.
  • Notar que un libro está hecho para ti. Cuando cada detalle o idea te hace pensar “Esto lo han escrito para mí”. Cuando las palabras son la encarnación de algo que sientes en ese momento. A veces también pasa con las canciones, como dicen Second en ‘Nivel experto’: <Voy a un concierto cualquiera / Y ¿a que no lo adivinas? / Esas letras son agujas / Que se clavan en mi espina / Ese maldito cantante / Ha tenido que espiarme>.

P.D. Este libro te alegrará la vida no me cabe en la estantería.

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