No te pongas buenos propósitos para septiembre

Siempre he sido más de hacer lista de buenos propósitos en septiembre y no en enero. Seguramente tenga que ver con que soy mucho más resolutiva bajo presión. Teniendo 12 meses por delante me cuesta ponerme en serio con algo, pero 4 escasos meses aprietan en la conciencia de cualquiera.

En enero decidí no ponerme ningún propósito, y así se lo hice saber a todos aquellos que me contaban los suyos. “No, no voy a ir al gimnasio, no voy a refrescar mi inglés, no voy a llevar una mejor alimentación. Voy a dejarme llevar”. Pero aunque dejarse llevar, suena demasiado bien, como dirían Vetusta Morla, ha llegado septiembre y empieza a invadirme un ligero cargo de conciencia. Quiero apuntarme a inglés, comer mejor, estudiar, escribir más en este blog, leer (aun) más, dedicarle más tiempo a mis aficiones y amigos, ponerme más en serio con (incluya aquí un millón de cosas…). Y no, no he puesto lo del gimnasio.

Este sentimiento de culpabilidad que me persigue a mí y a la mitad de mi oficina (desde la “vuelta al cole” no paro de oír buenos propósitos para el nuevo curso) me ha recordado al libro La sociedad del cansancio, del filósofo Byung-Chul Han, que aborda cómo nos exigimos más y más a nosotros mismos en lugar de disfrutar del camino.

Dice el pensador que toda época ha tenido sus enfermedades emblemáticas. Si hubo una época de enfermedades bacterianas que llegaron a su fin con los antibióticos, vivimos ahora en una de enfermedades neuronales, como la depresión: “Frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”, dice en esta entrevista en El País. Y es que el filósofo argumenta que somos nosotros quienes nos explotamos convirtiéndonos en individuos “de rendimiento”. Y si no alcanzas todas tus metas, entras en un reproche destructivo. El hombre convertido en un <animal  laboras>, “verdugo y víctima de sí mismo”, avocado al fracaso.

Y pensándolo bien, lo cierto es que para no haberme puesto ningún propósito en enero, llevo un año bastante productivo. “Todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos. Entonces produciríamos más”, dice Byung-Chul Han. Creo que seguiré dejándome llevar.

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