Dos fotografías opuestas que me conquistaron

A veces voy a alguna exposición de un autor reconocido y descubro alguna obra particular que no conocía, probablemente porque no está entre sus obras más representativas, pero que me conquista por alguna razón. Es el caso de las dos fotografías de las que hablaré en este post, y que curiosamente son muy opuestas entre sí.

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La primera fotografía es de Dennis Stock, un fotógrafo que entró como invitado en la agencia Magnum en 1951 y que durante los años sesenta convivió con comunas hippies y contraculturales. Esta imagen pertenece al Venice Beach Rock Festival, celebrado en California en 1968. En ella, Dennis Stock aísla a una chica entre la multitud de hippies y jóvenes que estaban en la playa. La postura de ella, bailando sin inhibiciones, y el encuadre de la foto, que la sitúa por encima del resto, me llevan a la libertad más absoluta. Creo que por un momento el fotógrafo consigue que todos queramos ser esa chica, que se siente libre, a gusto y sin complejos. Me quedé durante largo rato contemplándola en una exposición, sabiendo que era una de esas fotos que, sin ser obras maestras, me habían tocado de manera especial por alguna razón.

Esa misma sensación fue la que tuve con la siguiente fotografía. En este caso se trataba de una exposición del fotógrafo Robert Doisneau, quien se hizo mundialmente conocido por la foto El beso frente al Hotel de Ville, todo un icono de posguerra no exento de polémica tras conocerse que no fue una foto espontánea, sino posada. Sin embargo, la fotografía que me conquistó fue El reloj escolar (1956). En ella, se ve a tres niños sentados en sus pupitres de la escuela. Dos de ellos atienden al profesor, pero el tercero, que además da la imagen de ser más travieso por su flequillo despeinado y su cartera descuidada, levanta la cabeza para mirar el reloj de la pared. Me le imagino ansioso por que llegue la hora del recreo, la de la salida del colegio o, quien sabe, si el comienzo de las vacaciones. Me parece un gesto espontáneo e inocente a la par que impaciente, en el que muchos podemos vernos reflejados: no solo al recordar esos días en los que éramos unos niños encerrados en el aula que ansiaban que el reloj los salvara, sino también ahora, de adultos, cuando, quizás con más disimulo que este niño, echamos un vistazo al reloj en el trabajo, deseando que llegue la hora de la comida, la de salir… deseando sentirnos libres como la joven hippie de la fotografía de Dennis Stock.

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