Sing Street: cine y música como la mejor pareja artística

De músico a director de cine, John Carney ha demostrado con su filmografía que el cine y la música son la mejor pareja artística que existe. En sus películas Once (2006), Begin Again (2013) y Sing Street (2016) convierte a la música en el motor que mueve el mundo de sus protagonistas. Empecé a ver Sing Street sin saber que él era su director. Me esperaba una película entretenida, de argumento curioso, pero discreta. Pero si algo consigue Carney es que en sus películas la aparente sencillez y falta de ambición sea, efectivamente, aparente.

Sing Street narra la historia de Connor, un chico de quince años cuyos padres atraviesan una gran crisis matrimonial y económica que les lleva a cambiarlo a una escuela pública religiosa donde el ambiente es bastante hostil. Pero entonces Connor conoce a Raphina, una aspirante a modelo un año mayor que él, y se queda prendado de ella. Para impresionarla, la invita a salir en el próximo videoclip de su banda. El único inconveniente es que no tiene ningún grupo, así que tendrá que formarlo a toda velocidad.

Una vez encontrados los miembros del grupo, será el hermano mayor de Connor quien adquiera un gran protagonismo, ya que él es su mentor musical, quien le aconseja sobre la música que debe escuchar. Juntos ven los videoclips de Duran Duran y The Cure en un momento en el que el panorama musical está cambiando y los artistas marcan tendencia en moda y se convierten en los héroes de los jóvenes a través de los vídeos musicales, que ya son accesibles desde la pequeña pantalla. El hermano de Connor irá eligiendo entre sus vinilos la música más recomendable para cada situación que preocupa al chico. Y con ello, los atuendos e influencias de la recién creada banda irán evolucionando.

Los maquillajes y vestuarios exagerados, pasando por influencias de grupos románticos a los más góticos, serán utilizados por los chicos para expresar su rebeldía adolescente, reflejada también en las letras de las canciones. Connor dice que su estilo musical es “futurista”, lo que resulta esperanzador en el contexto de crisis que atraviesan su familia y su país. Desde luego, uno de los aspectos a destacar de la película, es su banda sonora, tanto las canciones de los grandes grupos que van mencionando como las propias compuestas por los chavales. Esto es algo que resulta bastante inverosímil, ya que se trata de chicos de quince años sin experiencia musical que de la noche a la mañana tocan auténticos temazos. Pero inverosímil también resulta que el tímido protagonista se atreva a enfrentarse a los matones de la escuela y a los sacerdotes, a llevar maquillajes horteras o acercarse sin dudas a la chica que le gusta. ¿No es acaso la adolescencia el momento para todo ello? Para lo improbable, para equivocarnos, para luchar por nuestros sueños. Por eso Sing Street, a pesar de ser un tierno relato adolescente, deja con buen sabor de boca al público de cualquier edad. Porque da igual la edad que tengamos: la adolescencia es un estado de ánimo. Y si lo acompañamos con buena música, mejor que mejor.

2 pensamientos en “Sing Street: cine y música como la mejor pareja artística”

Deja un comentario